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Especial Mártires del Imperio Romano

Durante la segunda mitad del siglo I y todo el siglo II, los cristianos fueron perseguidos por autoridades del Imperio Romano, que consideraba a los cristianos como rebeldes políticos. Los cristianos, tomando como principio el que Jesús es el único Señor de señores, y el único hijo del Dios verdadero, se negaban a adorar a los dioses y a las imágenes divinizadas de los emperadores. Los romanos, antes que juzgar sus creencias, verían en estos gestos las actitudes de una rebelión política contra el imperio, lo cual originó algunas persecuciones contra los cristianos en esa época. Una de las más famosas es la originada por el emperador Nerón, en torno al cual se originó la leyenda de su autoría del incendio que acabó con varios barrios de la ciudad de Roma. Fueron cruelmente reprimidos, según Los Anales de Tácito. Suetonio, otro escritor prominente de principios del siglo II corrobora la versión, señalando que entre las obras públicas de Nerón se contaba "persiguió a los cristianos". No obstante, no hay registro explícito de esta persecución en las escasas fuentes cristianas del siglo I. Solamente, por la de Clemente puede asociarse de alguna manera la citada represión con el martirio de los apóstoles San Pedro y San Pablo. Otro emperador que se recuerda por su crueldad con los cristianos fue Domiciano, entre los años 81 y 96. Se calcula que fueron martirizadas un máximo de 2.000 víctimas cristianas durante la Gran Persecución (303-313 E.C.) y un total de 4.000 en todas las persecuciones.