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Mar 10

Beato Elías del Socorro Nieves del Castillo

10 de marzo Siglo XX

Cerca de la ciudad de Cortázar, en México, beato Elías del Socorro (Mateo Elías) Nieves del Castillo, presbítero de la Orden de los Hermanos de San Agustín y mártir, que en el furor de la persecución, hecho prisionero por desempeñar ocultamente el ministerio, fue fusilado por odio al sacerdocio.
Nombre
Elías (Masculino)
Celebran
Los Elías suelen celebrar el 20-jul:
San Elías profeta
Otros santos
Otros santos con nombre Elías
Nació
en Yuriria, Guanajuato, en el actual México
Falleció
en Cortázar, en el actual México
Proceso
Celebración
10 de marzo
Religioso
de la Orden de San Agustín

Vida de Beato Elías del Socorro Nieves del Castillo

Mateo Elías Nieves del Castillo nació el 21 de septiembre de 1882 en Yuriria, Guanajuato. Fue frágil de salud desde su nacimiento, teniendo que ser bautizado de urgencia, por el peligro que corría su vida. Después padecería tuberculosis y una ceguera temporal que le dejó como secuela cierta debilidad visual.

Su infancia y juventud fueron difíciles. Principalmente por la pérdida de los padres y de otras personas que, caritativamente, se habían interesado por él. No tuvo oportunidad de estudiar ni de seguir su vehemente deseo de ingresar en la Orden Agustiniana. Maduró su vocación religiosa en una intensa vida cristiana, vivida en su parroquia, donde fue un joven comprometido con la acción pastoral.

Sólo muy tardíamente pudo incorporarse al seminario agustino. Cuando comenzó los estudios secundarios era un joven que había madurado humanamente por los muchos sufrimientos padecidos, y espiritualmente por su intensa vida cristiana. Asumió, con humildad, compartir aula y régimen de seminario con compañeros adolescentes.

Tenía 28 años de edad cuando realizó su primera profesión. En ese momento tan importante de su vida se puso en manos de María, añadiendo a su nombre de bautismo el título agustiniano del Socorro.

Fue ordenado sacerdote el 9 de abril de 1916, a los 33 años de edad. Eran tiempos políticamente borrascosos. Sabía que le esperaba un ministerio difícil, pero le urgía el amor a su gente. "¡Sálvalos, Señor, que perecen!", decía con frecuencia.

Después de ejercer el ministerio sacerdotal en Yuriria, Gto., Aguascalientes, Maravatío y Pinícuaro, Michoacán, donde dejó buenos recuerdos, fue asignado a la comunidad de la Cañada de Caracheo, Mich.

Ejerció su ministerio en medio de gentes sencillas, entregándose a ellas con alegría y dedicación. La escuela de la pobreza hizo de él un hombre que supo vivir con sobriedad. No eran momentos para empeñarse en grandes obras. El Padre Elías del Socorro fue grande en la fidelidad a lo sencillo.

Aún así se preocupó del bienestar de su gente, ayudándoles en sus necesidades y dedicando también gran esfuerzo a concluir, en poco tiempo, la construcción de la Iglesia de La Cañada de Caracheo. El llamado "reloj del Padre Nieves", con el que ornamentó la torre al concluir su construcción, perpetúa todavía, en el continuo desgranar de las horas, la memoria de este fiel vicario fijo.

Fue muy amigo de los pobres a los que socorría en sus necesidades; celebraba con fervor la misa y era muy devoto de la Santísima Virgen. Concluyó su vida después de un periodo de clandestinidad, para mantener su servicio pastoral. El Padre Nieves no quiso acatar la orden del gobierno de concentrarse en la capital, porque eso significaba abandonar su grey y no estaba dispuesto a alejarse de ellos en horas de dificultad.

Quería quedarse "a pesar de todo". Por eso vivió 14 meses refugiado en una cueva, protegido por la caritativa complicidad de sus fieles, que acudían a la gruta a orar, asistir a la Eucaristía y recibir los Sacramentos.

El Padre Nieves fue aprehendido por los federales el 7 de marzo de 1928. El capitán Márquez lo llevó con otros presos hacia Cortazar, Guanajuato. Las actas del proceso ilustran las peripecias de su prendimiento y muerte, así como el conmovedor acompañamiento de dos de sus fieles que, dejados en libertad por el pelotón asesino, no quisieron abandonar a su pastor.

A pesar de su insistente ruego para que se fueran, prefirieron correr la misma suerte del sacerdote agustino.

Sus nombres merecen una palabra de recuerdo porque abrazaron, al lado del Padre Nieves, la palma del martirio: son los laicos José Dolores y José de Jesús Sierra.

Al llegar al lugar llamado "El Llano", los federales se detuvieron y pusieron al Padre Nieves frente a un mezquite. El Padre Elías oró, entregó a los soldados su gabán y pidió a los mismos que se hincaran para darles su bendición.

El Padre Nieves fue asesinado el 10 de marzo de 1928, cuando tenía 45 años de edad. Murió bendiciendo a los soldados que se disponían a ejecutarle y regalando su perdón y sus escasos bienes a su propio verdugo. El momento de su muerte es de una extraordinaria grandeza. Ningún testimonio tan impresionante como el del ejecutor material de su muerte, el capitán Manuel Márquez Cervantes, quien, años más tarde, manifestó: "El Padre Nieves murió como un héroe y como un santo". Conservó como recuerdo los lentes y la cobija que le había regalado el agustino antes de asesinarle. Las palabras de San Agustín se cumplieron en él con exactitud.

"Si deseas tener vida en Cristo, no tengas miedo a morir por Cristo" (In Ioh. 52,2)

Los fieles le consideraron mártir desde la fecha del fusilamiento. Su cuerpo fue trasladado a la Iglesia parroquial de Cañada de Caracheo, Guanajuato, comunidad de unos 5 mil habitantes, la mayor del municipio de Cortazar, y en donde precisamente descansan los restos del Beato Elías del Socorro Nieves, bajo el altar y donde es sede de peregrinar.

Se le atribuyen decenas de milagros y la gente acude a la solemnidad en el aniversario de su muerte en el mes de marzo, con asistencia de miles de fieles.

El día 12 de octubre de 1997, el Papa Juan Pablo II celebró la ceremonia de Beatificación del Padre Elías del Socorro Nieves, en Roma. Beato Elías del Socorro Nieves O.S.A., un mexicano de humilde extracción campesina. Este reconocimiento constituye una elocuente afirmación de la validez de la espiritualidad agustiniana, en sus diversas expresiones carismáticas, como camino de santidad en el servicio pastoral.

(fuente: oremosjuntos.com)