San Zacarías profeta

Conmemoración de san Zacarías, profeta, vaticinador de la vuelta del pueblo desterrado a la tierra de promisión, anunciando al mismo tiempo que un rey pacífico, Cristo el Señor, entraría triunfante en la Ciudad Santa de Jerusalén, lo que se llevó a cumplimiento.
Celebración 6 de septiembre Santos del día
Los Zacarías suelen celebrar el 5 de noviembre: San Zacarías
Nombre Zacarías es un nombre de hombre.
Muerte en Jerusalén en la actual Israel Santos fallecidos en Israel
Proceso No tenemos registro de su proceso de canonización.

Vida de San Zacarías profeta (Hagiografía)

De Zacarías sabemos, ante todo, por su propio libro: era hijo de Berequías y nieto de Iddó, y pertenecía a un linaje sacerdotal que había regresado a Jerusalén tras el destierro en Babilonia. Esa doble condición de sacerdote y profeta marca todo su mensaje, situado siempre en el corazón de la vida litúrgica del pueblo restaurado.

Su actividad como profeta comenzó en el octavo mes del segundo año del reinado de Darío I de Persia, hacia el 520 antes de Cristo, apenas unas semanas después de que su contemporáneo Ageo hubiera pronunciado sus últimos oráculos. Los dos compartían una misma urgencia: sacudir a los judíos recién vueltos del exilio, instalados ya en su tierra pero instalados también en la desidia, para que retomaran la reconstrucción del Templo de Jerusalén, abandonada desde hacía años. Su predicación, dirigida en particular al gobernador Zorobabel y al sumo sacerdote Josué, tuvo fruto: las obras se reanudaron y el santuario quedó terminado en el sexto año de Darío.

Lo más singular del libro que lleva su nombre son las ocho visiones nocturnas que ocupan sus primeros capítulos: los jinetes entre los mirtos, los cuatro cuernos y los cuatro artesanos, el hombre con el cordel de medir, la purificación de Josué —a quien un ángel despoja de sus vestiduras sucias y viste de nuevo, símbolo del perdón que se ofrece a todo el pueblo—, el candelabro de oro flanqueado por dos olivos, el rollo volante, la mujer encerrada en un cesto y los cuatro carros que parten hacia los cuatro vientos. A través de estas imágenes, oscuras y a la vez esperanzadoras, Zacarías anuncia una Jerusalén restaurada, purificada y protegida por Dios.

En los capítulos finales del libro, de tono más sombrío y ya sin fechar, el profeta mira más allá de su propio tiempo. Anuncia a un rey que entrará en Jerusalén humilde y montado en un asno, figura que los evangelistas reconocerían siglos después en la entrada de Jesús a la ciudad santa; habla de un pastor traicionado por treinta monedas de plata; y describe a alguien traspasado a quien el pueblo llorará como se llora a un hijo único. Por estas páginas, Zacarías se convirtió para la tradición cristiana en uno de los profetas que con mayor claridad prefiguraron la pasión de Cristo.

Sobre el final de su vida, la Escritura calla. La tradición judía y cristiana posterior, recogida en escritos como las Vidas de los Profetas, sostiene que murió ya anciano y que fue sepultado junto a Ageo en Jerusalén, cerca del Templo cuya reconstrucción ambos habían impulsado. La Iglesia lo venera desde antiguo entre los profetas menores, reconociendo en su predicación una de las voces que mejor supieron unir el llamado a la conversión con la esperanza en la promesa de Dios.