En Madrid, España, beato Gonzalo Gonzalo, religioso de la Orden de San Juan de Dios y mártir, que, en el furor de la persecución contra la fe, confirmó con su sangre su testimonio de Cristo.
En Amarante, lugar de Portugal, beato Gonzalo, presbítero de Braga, que después de una larga peregrinación por Tierra Santa ingresó en la Orden de Predicadores y más tarde se retiró a una ermita, ayudando a construir un puente y trabajando en bien de los habitantes del lugar con su oración y predicación.
En Torresvedras, en Portugal, beato Gonzalo de Lagos, presbítero de la Orden de Ermitaños de San Agustín, que se distinguió por su dedicación a enseñar los preceptos cristianos a los niños y a los incultos.
En el pueblo llamado Vallés, de Valencia, en España, beato Gonzalo Viñes Masip, presbítero y mártir, el cual, en tiempo de persecución, luchó un insigne combate por Cristo.
En Roma, en la vía Latina, san Gordiano, mártir, que fue sepultado en la cripta de una iglesia, donde se veneraban ya las reliquias de san Epímaco (c. 300).
En Murano, cerca de Venecia, beato Gracia o Gracias de Cátaro, religioso de la Orden de San Agustín, que, en tiempo de enorme escasez, mientras conducía una barca en busca de alimentos, movido por la predicación del beato Simón de Camerino pidió el hábito religioso y llevó una vida piadosísima.
Cerca de la costa de Francia, ante el puerto de Rochefort, beato Juan Jorge (Jacobo) Rhem, presbítero de la Orden de Predicadores y mártir. Encerrado durante la persecución en una escuálida prisión, levantaba la esperanza de sus compañeros de cárcel, cruelmente torturados, hasta que él mismo, por amor a Cristo, murió de una enfermedad incurable.
En Sassari, también en Cerdeña, beato Pacífico Ramati, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, que murió mientras predicaba en favor de la defensa de los cristianos.