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May 04

Beato Eduardo José Rosaz

4 de mayo Siglo XX

En Susa, del Piamonte, en Italia, beato Eduardo José Rosaz, obispo, que durante veinticinco años asistió pastoralmente la diócesis que se le había confiado, con una dedicación especial a los pobres. Fundó la Congregación de Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco de Susa.

Vida de Beato Eduardo José Rosaz

Beato Félix Eduardo José, Obispo, de la Tercera Orden, Fundador de las Hermanas Franciscanas Misioneras de Susa. (1830‑1903). Beatificado por Juan Pablo II en su visita pastoral a Susa el 14 de julio de 1991. (Su fiesta es el 4 de mayo).

Eduardo José Rosaz nació en Susa (Turín) el 15 de febrero de 1830, hijo de Romualdo y Josefa Dupraz. A los 16 años quedó huérfano y con dos hermanas menores a su cargo, pues los hermanos mayores vivían lejos. Su salud adolecía de una debilidad general, por lo cual debía seguir periódicamente tratamientos que le proporcionaba su hermano médico. Como parte de sus tratamientos debía viajar a pie con frecuencia.

Entabló amistad con el obispo Antonio Odone, quien lo acogió en el Seminario local y luego lo trasladó por motivos de salud al de Nizza Marittima. Ordenado sacerdote el 10 de junio de 1854. Cuando buscaba la forma de llegar a una entrega total en el servicio de su ministerio, comprendió que podía combinar la misión del presbítero con una espiritualidad fuerte, para lo cual, a raíz de la lectura de una biografía de San Francisco de Asís, optó por hacerse Terciario franciscano, junto con otros amigos. “De esta manera encontró un método y una escuela. Sería sacerdote secular pero a la manera de Francisco”. Cultivó numerosas amistades, que eran su apoyo, consejo y ayuda.Su vida espiritual pudo enriquecerse merced a la amistad que cultivó con otros santos sacerdotes como San Juan Bosco, San José Cafasso, San Juan María Vianney.

En 1854 regresó definitivamente a Susa; y fue nombrado canónigo de la catedral de Susa, donde ejerce como confesor y catequista, celebra la misa temprano para la gente que debe ir al trabajo. En 1856 acoge las primeras muchachas desamparadas y da inicio al Retiro, casa de acogida para muchachas abandonadas. Establece el mes de María, como ocasión para una catequesis de adultos de todo un mes. Inicia igualmente el intercambio de servicios entre los sacerdotes de la región. Con frecuencia emprende peregrinaciones a pie a santuarios significativos. Ejerce la capellanía da las cárceles, rector del “Colegio civico” y del Seminario Diocesano en 1874. Todo cuanto recibe por herencia o por otros títulos, lo invierte en sus obras apostólicas. Su apostolado y toda su vida llevan la marca de la caridad, la pobreza, la hospitalidad y la prudencia. Renunciando a su origen burgués y acomodado, vive en pobreza y no pocas veces debe “recurrir a la mesa del Señor” para sostener sus obras, e inclusive para su propio sustento.

El 8 de diciembre de 1874 tres de las muchachas de su Retiro toman el hábito de la Tercera Orden Franciscana, y así comienza la Congregación de las Hermanas Franciscanas Misioneras de Susa. Elegido obispo de Susa el 26 de diciembre de 1877 recibe la ordenación episcopal el 24 de febrero de 1878. El 8 de octubre de 1882, las Hermanas toman posesión de la Casa Madre, lo cual festeja con un almuerzo para 247 pobres. (La Congregación fue aprobada por la Santa Sede el 24 de julio de 1942). Funda el semanario “Il Rocciamelone”, el 1 de abril de 1897, que actualmente sale con el nombre de “La Valsusa”. El 15 de junio de 1899 bendice solemnemente la estatua de la Virgen para colocar en la cima del Rocciamelone (3.600 mts. de altura). Se distinguió por su abnegación, celo, mansedumbre y humildad. Murió el 3 de mayo de 1903.